Obesidad y apnea del sueño se influyen mutuamente: la grasa corporal favorece las pausas respiratorias, y el sueño roto dificulta perder peso. Un ensayo clínico con personas con obesidad y apnea moderada o grave mostró que un programa de pérdida de peso redujo el número de pausas durante la noche frente a placebo. Esa conexión explica por qué conviene tratarlas a la vez.
Qué es la apnea obstructiva del sueño
La apnea del sueño es un trastorno en el que la respiración se interrumpe y se reanuda de forma repetida mientras duermes. El tipo más común es la apnea obstructiva del sueño (AOS). En ella, los músculos de la garganta se relajan en exceso durante el sueño y bloquean el paso del aire. Existe también la apnea central, en la que el problema está en la señal que el cerebro envía a los músculos respiratorios, y la apnea mixta, que combina ambas.
Según el NHS, el servicio público de salud del Reino Unido, la apnea del sueño necesita tratamiento porque, sin él, puede derivar en problemas cardiovasculares, accidentes por somnolencia diurna y un deterioro importante de la calidad de vida.
Las pausas pueden durar desde unos segundos hasta más de un minuto y repetirse decenas o cientos de veces en una noche. Mientras tanto, los niveles de oxígeno en sangre bajan y el cerebro se despierta brevemente para reanudar la respiración, aunque tú no lo notes.
Cómo influye la obesidad en la respiración nocturna
El exceso de grasa corporal cambia la mecánica de la respiración, sobre todo cuando se acumula en tres zonas:
- En el cuello, donde estrecha las vías respiratorias altas.
- En la lengua y la garganta, donde favorece el colapso durante el sueño.
- En el abdomen, donde la grasa visceral empuja el diafragma hacia arriba y reduce la capacidad pulmonar.
A esto se suma que el tejido adiposo, es decir, la grasa corporal, libera sustancias inflamatorias que empeoran la respuesta respiratoria. Por eso, a mayor índice de masa corporal (IMC), mayor probabilidad de apnea moderada o grave. El IMC es una cifra que relaciona tu peso con tu altura y se usa para clasificar el bajo peso, el normopeso, el sobrepeso y la obesidad.
El NHS señala que tener sobrepeso u obesidad es uno de los factores que más aumenta el riesgo de apnea obstructiva, junto con el sexo masculino, la edad avanzada, el consumo de alcohol y ciertos rasgos faciales o mandibulares.
El círculo vicioso entre la apnea y el peso
La relación no va solo en un sentido. Las pausas repetidas fragmentan el sueño y alteran dos hormonas clave para el hambre:
- La leptina, que te avisa de que estás lleno.
- La grelina, que estimula el apetito.
Cuando el sueño se rompe, baja la leptina y sube la grelina. El resultado es más hambre, sobre todo por alimentos muy calóricos y ricos en azúcar. A la vez, la somnolencia diurna te deja con menos energía para cocinar, moverte o mantener hábitos saludables. El peso se estabiliza o sube, y la apnea se mantiene o empeora. Se cierra así un círculo que cuesta romper si no se actúa sobre las dos cosas a la vez.
Síntomas que no debes pasar por alto
Los signos más típicos de la apnea, según el NHS, aparecen mientras duermes o al despertar:
- Ronquidos fuertes y habituales.
- Pausas en la respiración apreciadas por tu pareja.
- Sensación de ahogo o jadeo nocturno.
- Despertares frecuentes con la boca seca.
- Dolor de cabeza matutino.
- Somnolencia intensa durante el día, incluso tras dormir muchas horas.
- Dificultad para concentrarte, irritabilidad o cambios de humor.
Roncar no es sinónimo de apnea, pero los ronquidos intensos y persistentes son motivo suficiente para comentarlo con tu médico, sobre todo si se acompañan de alguno de los otros síntomas.
Cómo se diagnostica la apnea
El primer paso es hablarlo con tu médico de cabecera, que te preguntará por tus síntomas, tu peso, tu tensión y tus antecedentes. Si la sospecha es alta, te derivará a una prueba específica. Las dos más usadas son:
- Poligrafía respiratoria domiciliaria, un aparato portátil que registras mientras duermes en casa. Mide flujo de aire, ronquido, esfuerzo respiratorio, oxígeno y posición corporal.
- Polisomnografía (PSG), el estudio completo, realizado en una unidad del sueño. Añade electroencefalograma (para ver las fases del sueño), electrodos musculares y registro cardíaco. Es la prueba de referencia y la que se usa en investigación clínica.
Con los datos se calcula el índice de apnea-hipopnea (IAH), que indica cuántas apneas o hipopneas tienes por hora de sueño. Se considera apnea leve entre 5 y 15 eventos por hora, moderada entre 15 y 30, y grave por encima de 30.
CPAP, pérdida de peso y otras opciones de tratamiento
El tratamiento de referencia para la apnea moderada o grave es el CPAP (presión positiva continua en la vía aérea). Es un dispositivo que, mediante una mascarilla, empuja aire a una presión constante para mantener abierta la garganta mientras duermes. Reduce los ronquidos, normaliza el oxígeno y mejora mucho la somnolencia diurna.
El CPAP no cura la apnea, la controla mientras lo usas. Si lo abandonas, los síntomas suelen volver.
La pérdida de peso es el gran complemento, y en algunos casos una alternativa cuando la apnea es leve o se tolera mal el CPAP. La evidencia es clara en este punto.
Un ensayo clínico aleatorizado publicado en International Journal of Obesity estudió a personas con obesidad y apnea moderada o grave. Tras 32 semanas, el grupo que recibió un tratamiento farmacológico indicado para perder peso, junto con dieta y ejercicio, redujo el índice de apnea-hipopnea respecto al grupo placebo, además de perder peso. El estudio no promociona un fármaco concreto, pero muestra el principio: cuando baja el peso, baja la gravedad de la apnea.
Otro trabajo, publicado en Medicine and Science in Sports and Exercise, siguió durante 12 semanas a 25 adultos mayores con obesidad y apnea que hicieron ejercicio supervisado tres días por semana combinado con dieta hipocalórica. Los autores describen una reducción de la gravedad de la apnea asociada a la mejora de la composición corporal y la capacidad aeróbica. Al ser un grupo pequeño, se trata de una pista útil, no de una certeza extrapolable.
En personas con obesidad grave, la cirugía bariátrica (operaciones como la gastrectomía vertical o el bypass gástrico) consigue pérdidas de peso grandes y mantenidas. Un estudio prospectivo de tres años publicado en Obesity Surgery siguió a 31 personas con obesidad grave y apnea a las que se realizó una gastrectomía vertical. Se les hizo una polisomnografía completa antes y 12 meses después. Los autores encontraron mejoras marcadas en los parámetros de apnea registrados por polisomnografía. Aun así, la apnea no siempre desaparece, y muchas personas siguen necesitando CPAP o un seguimiento estrecho.
También se han puesto en marcha cohortes grandes para confirmar el impacto de los programas conductuales a medio y largo plazo. Un protocolo publicado en BMJ Open, el estudio SCOOP-RNPC, plantea seguir a más de 10 000 participantes durante años para medir resultados reales en apnea, peso y salud cardiometabólica.
Existen además dispositivos bucales que adelantan la mandíbula, terapias posicionales para dormir de lado y, en casos muy seleccionados, cirugía de la vía aérea superior. Todas estas opciones las valora el especialista en medicina del sueño tras confirmar el diagnóstico.
Cuándo pedir ayuda profesional
Pide cita con tu médico de cabecera si:
- Tu pareja o familia nota pausas en tu respiración mientras duermes.
- Tienes somnolencia importante durante el día, sobre todo al conducir.
- Te han dicho que roncas muy fuerte y te despiertas con sensación de ahogo.
- Te cuesta concentrarte, estás más irritable o tu ánimo ha caído sin motivo claro.
- Tienes hipertensión, diabetes tipo 2 o problemas de corazón y roncas.
Acude a un servicio de urgencias si durante el sueño notas dolor en el pecho, falta de aire muy intensa, desmayo o si un episodio de ahogo nocturno te despierta con malestar importante.
Abordar las dos condiciones a la vez es lo que mejores resultados da. Un equipo con médico, nutricionista y psicólogo puede trabajar al mismo tiempo la apnea y el peso. El médico valora el tratamiento con CPAP y descarta otras causas, la nutricionista ajusta la alimentación para perder grasa sin pasar hambre, y el psicólogo trabaja la motivación, el sueño y la relación con la comida.
Preguntas frecuentes
¿Bajar 5 o 10 kilos de verdad mejora la apnea?
Sí, suele mejorar. La evidencia coincide en que una pérdida de peso del 5 al 10% se asocia con una reducción medible del índice de apnea-hipopnea, sobre todo en apnea leve o moderada. Cuanto más peso se pierde, mayor es el beneficio, aunque los resultados varían de una persona a otra.
¿El CPAP hace que engorde?
El CPAP no causa aumento de peso por sí mismo. Algunas personas engordan al usarlo porque, al dormir mejor, recuperan energía y hambre, o porque el motivo de su apnea (el exceso de peso) sigue ahí. El CPAP es un complemento, no un sustituto de trabajar el peso si hay obesidad.
¿La cirugía bariátrica cura la apnea?
No siempre la cura. Mejora mucho la apnea en muchos casos, especialmente con pérdidas de peso grandes, pero parte de los pacientes siguen necesitando CPAP u otro soporte. Por eso el seguimiento con el especialista en sueño se mantiene tras la operación.
¿Se puede tener apnea sin tener obesidad?
Sí. La apnea puede aparecer en personas con normopeso por rasgos faciales o mandibulares, amígdalas grandes, consumo de alcohol, menopausia o por constitución de la vía aérea. La obesidad es el factor de riesgo más modificable, pero no el único.
¿Qué prueba confirma la apnea?
La polisomnografía (PSG) es la prueba de referencia y se hace en una unidad del sueño. Para casos con sospecha alta, se utiliza la poligrafía respiratoria domiciliaria, más cómoda y accesible. Tu médico te indicará cuál necesitas.
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Fuentes
- Sleep apnoea - NHS
- Effect of liraglutide 3.0 mg in individuals with obesity and moderate or severe obstructive sleep apnea: the SCALE Sleep Apnea randomized clinical trial.
- Long-term trajectories of weight loss and health outcomes: protocol of the SCOOP-RNPC nationwide observational study.
- Effects of exercise and weight loss in older adults with obstructive sleep apnea.
- Weight Loss as the First-Line Therapy in Patients with Severe Obesity and Obstructive Sleep Apnea Syndrome: the Role of Laparoscopic Sleeve Gastrectomy.
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